2020-un-ano-de-cambios-y-oportunidades

Pese a que hace tiempo escuchamos que estamos en la parte final del ciclo económico y que el mercado bursátil de EEUU debiera caer como consecuencia de esto, lo anterior simplemente no ocurre. 

Por Jorge García, Gerente Inversiones Nevasa

Este mercado alcista parece imparable; ni la guerra comercial, ni la pandemia, ni las reñidas elecciones en EEUU han podido ponerle freno. A lo más, una pequeña pausa que no resultó en nada más que una oportunidad para “comprar la caída”, mantra que se repite por años y que tan buenos dividendos ha entregado a quienes lo recitan. Desde el 2008 hemos tenido 10 años con retornos positivos y sólo 2 con retornos negativos. La pregunta que probablemente nos hacemos es ¿qué ha impulsado esto? ¿Acaso un crecimiento sostenido en la actividad económica y las utilidades de las compañías? La verdad, no creo que la respuesta vaya por ese camino. Más bien, veo dos factores que considero cruciales al analizar esta situación; uno tiene que ver con la oferta monetaria y el otro, con la tecnología.

El primer factor que me gustaría comentar es la notable expansión del balance de los principales bancos centrales del mundo. Éstos han crecido de forma tan significativa, que han llegado a preocupar a varios expertos (y con sus motivos), dando origen a un mercado de USD 200 billones, el Bitcoin. Estos enormes balances han llevado a que las tasas de retornos de los bonos cayeran con fuerza. Hace algunos años se pensaba que tenderían a cero, pero la verdad, llegaron a terreno negativo en varios países desarrollados, con las distorsiones que esto implica en el mercado. A modo de ejemplo, hace diez años se podía conseguir un bono del Tesoro americano con un rendimiento de 3,5% (antes de la crisis subprime esa tasa podía ser del 5%) y hoy es 0,88% para un bono de las mismas características. La deuda sobre el PIB de EEUU es más alta hoy que en ese entonces y su clasificación de riesgo es incluso menor según S&P. Esto ha sido un tremendo dolor de cabeza para los sistemas de pensiones, especialmente para las compañías o estados que ofrecen retiros del tipo “beneficio definido”, provocándoles un déficit gigantesco y una exposición al riesgo en sus carteras muchísimo mayor que hace 10 años, para intentar lograr los retornos comprometidos.

Pero eso no es todo, esta enorme cantidad de dinero disponible y circulando ante cualquier problema que enfrente el mercado, ha llevado a una valorización de los activos que va más allá de sus utilidades en el caso de las acciones, o de sus riesgos en el caso de los bonos. Surge el nerviosismo de que algunos de ellos estén sobrevaluados, lo que claramente debemos monitorear muy de cerca, pero el principal riesgo frente a este movimiento de los bancos centrales es no hacer nada. Todos los activos se han visto afectados, por ejemplo, el Case-Schiller Home Price Index, indicador que mide el precio de las viviendas en EEUU, no sólo ha superado el nivel máximo previo a la crisis subprime, sino que está 20% sobre el valor que tenía antes de que ésta estallara. Con lo anterior, dejar el mercado y guardar el dinero realmente no es una estrategia aconsejable. Eso sí, bien vale la pena considerar este nuevo escenario a la hora de plantearse objetivos de inversión. Es un momento para reducir las expectativas de retorno si no queremos encontrarnos con sorpresas negativas producto de riesgos mal calculados.

El segundo factor que vemos detrás de este potente mercado es el del cambio tecnológico. Pese a que es algo que veníamos observando en los últimos años, este efecto se exacerbó en 2020 por el virus y sus cuarentenas, que potenciaron la adopción de herramientas tecnológicas para que el mundo siguiera funcionando. La diferencia de retornos entre el Nasdaq y el S&P500 este año ha sido brutal, más de 30% para el primero y cerca de 12% para el segundo. ¿Cómo se entiende esto? Bueno, este año en particular hay un efecto que favoreció a algunas compañías electrónicas denominadas “stay home”, tales como Netflix, Amazon, Zoom, nVidia, etc., las que lograron capitalizar el mayor tiempo en casa producto de las medidas restrictivas autoimpuestas producto de la pandemia. Sin embargo, no es sólo esto y no estoy hablando sólo de este año: el cambio tecnológico que han impulsado algunas compañías ha llevado a una creación de valor que el mercado realmente todavía no logra cuantificar. Ejemplo de ello es el famoso vaticinio del economista americano, ganador del premio Nobel, Paul Krugman, quien en 1998 dijo que para el 2005, quedaría claro que el efecto del internet en la economía no sería mayor al de la máquina de fax. Pese a los avances, aún vemos que queda mucho por hacer para capturar retornos en estas nuevas tendencias, ya que la velocidad y la rigidez del sistema ofrecen oportunidades de inversión frente a un mundo de innovaciones que cada día evoluciona más rápido. Ejemplo de ello, es que recién se haya anunciado la incorporación de Tesla en el S&P500, que anteriormente no cumplía con algunas de las reglas para pertenecer a este índice, principalmente de rentabilidad. ¿Pero cómo una compañía de más de USD 380.000 billones no va a estar en el índice más importante de Estados Unidos? se preguntará usted, pero bueno, así es y al mismo tiempo, será la incorporación más grande de la historia de dicho índice. Por el contrario, y casi en paralelo, vemos que Exxon es removida del Dow Jones. La empresa que hace menos de 10 años fuera la compañía más valiosa del mundo ha perdido cerca del 60% de su valor en los últimos años… éste es sólo un botón del cambio tecnológico, su influencia en los mercados y la rapidez con que opera (casi todos los que conozco aún conducimos autos con motor de combustión interna). Es por esto que, para capturar este tipo de oportunidades, o evitar estas amenazas, es necesario hacer un doble click en nuestros portafolios, buscar fondos que nos permitan acceder a ellas y que nos ayuden a complementar nuestro fiel índice general o S&P500. La banca de inversión también ha visto una revolución informática, y hoy la cantidad de fondos a los que los clientes pueden acceder y las herramientas disponibles permiten una oferta mucho más especializada y con menores costos, pero es importante también que nosotros, como inversionistas, nos demos cuenta de que el mundo cambia y debemos evolucionar con él o arriesgarnos a la obsolescencia de nuestras carteras y a los retornos bajo mercado que esto conlleva.

Fuente: Nevasa