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Muchos piensan que al hablar de liquidez se refieren a qué tan fácil es vender esos activos para conseguir caja, pero es más que eso: la liquidez también abarca la posibilidad de vender esos activos sin sufrir una pérdida importante. Así por ejemplo, la venta de acciones locales normalmente nos permite contar con caja en un par de días, pero si tenemos una emergencia en medio de un escenario turbulento, entonces podríamos vernos forzados a vender nuestras acciones en el peor momento, con un castigo importante en su precio.

Por María Luz Muñoz M, Estratega de Mercado Nevasa

Es importante que una vez que definamos nuestro perfil de riesgo como inversionista, nos mantengamos disciplinadamente con un portafolio que tenga relación con ese perfil. Y si la cartera incluye un cierto porcentaje de activos líquidos, debemos hacer todo nuestro esfuerzo por mantener esa estructura. En tiempos de bonanza, probablemente muchos se pondrán ansiosos de no poder capturar el alza completa del mercado por tener esta porción de liquidez, pero es importante mantenerse firmes y no sucumbir ante la promesa de mayor retorno de algunas clases de activos a costa de liquidez, al menos si no podemos permitirnos los plazos aconsejables. Hay que considerar que los mercados son volátiles y en la vida surgen imprevistos, por lo que existen miles de casos de inversionistas que experimentan una fuerte pérdida patrimonial ante eventos inesperados, muchos de ellos pasajeros, pero que ante una mala estructura o el uso de leverage, se vuelven particularmente dañinos.

Al mismo tiempo, cuando diseñemos nuestro portafolio de inversiones, es fundamental determinar qué parte de los activos serán derechamente ilíquidos, como son los fondos privados y la mayor parte de los fondos alternativos, donde no tendremos acceso a nuestro dinero hasta varios años después de haber realizado la inversión. Muchas veces este tipo de inversiones ofrece una alta rentabilidad y una volatilidad acotada, pero hay que considerar que precisamente es por su iliquidez que de alguna manera debe pagar un "premio" a quien lo financie y que por sus metodologías de valorización muy probablemente estamos subestimando su riesgo, al fijarnos en la volatilidad. Y una vez más, en tiempos de bonanza muchos inversionistas se hacen "trampa en el solitario"y se entusiasman con proyectos que prometen altos retornos, aportándoles porcentajes que superan lo inicialmente acordado. Tal vez nunca pasen por una situación donde se vean forzados a vender a precios insólitamente bajos, pero si es que eso llega a ocurrir, entonces tener un exceso de inversiones sin liquidez puede generar enorme problemas.

Hoy vemos casi con estupor que nos invadió una pandemia a comienzos de año, que nos tiene en cuarentena hace uno 4 meses, que muchos negocios han quebrado y miles de personas han perdido sus emplelos. Y así nos damos cuenta de que "las cosas pasan", que los eventos de cola no son tan poco probables y que, si llegan a ocurrir, pueden tener consecuencias desastrosas. Actualmente tenemos esto muy presente, pero cuando las cosas mejoren, más vale ser disciplinados con la estructura de nuestro portafolio, respetando en todo momento la liquidez que nos permite dormir tranquilos. Un escenario benigno es congruente con spreads y valorizaciones más apretadas, lo que hace que la rentabilidad esperada sea menor y suele impulsar a algunos inversinistas, tratando de mantener sus retornos deseados, a clases de activos más riesgosos y menos líquidos.

¿Cómo hacer frente a este problema?. Es muy importante asesorarse por profesionales calificados, mantener con ellos conversaciones transparentes y esperar información sincera sobre los potenciales retornos de largo plazo de los activos, de modo de tener claridad sobre qué es lo que podemos conseguir dado el portafolio, los niveles de riesgo que estamos dispuesto a soportar, el horizonte de inversión y todas las otras características propias de cada caso. Un ejercicio que puede servir es analizar los extremos; podemos proyectar el comportamiento de nuestro portafolio ante escenarios muy desafiantes o "stress test" (esto se puede hacer replicando los comportamientos de nuestros activos frente a shocks históricos con varios softwares disponibles). Así, cuando veamos que, incluso en el peor escenario somos capaces de soportar esa pérdida sin pasarlo mal, y que en promedio los retornos de largo plazo coinciden con nuestros requerimientos, entonces estamos frente a nuestro portafolio adecuado. Y ojo, si en el tiempo cambia nuestra percepción de riesgo, capacidad financiera u objetivos de inversión, hay que revisarlo para que podamos dormir tranquilos permanentemente. La idea de invertir es hacer crecer nuestra riqueza y no añadir más estrés a nuestra ya agitada vida.

Fuente: Nevasa