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Mientras escribo estas líneas, el S&P500 anota alza tras alza, superando los 3.500 puntos. Por otra parte, el NASDAQ se mueve a una velocidad completamente diferente, encumbrándose aún más alto.

Por Jorge García, Gerente Inversiones Nevasa

El pasado 23 de marzo, el selectivo más relevante del mundo marcaba unos escuálidos 2.237,4 puntos y la pregunta era una sola: ¿Cuánto más podemos caer? Si bien los análisis desde el punto de vista históricos mostraban que la caída podía ser incluso mayor y equiparar otras correcciones, la realidad es que fue un poco menor, pero dentro de lo normal. Lo que sin dudas soprendió a todos, incluídos nuestros análisis, fue la velocidad de recuperación, marcando un récord total. ¿Qué explica este movimiento tan importante? Como siempre, es una combinación de varios factores, donde destacan importantes estímulos fiscales, los prospectos de una vacuna en el mediano plazo, cifras económicas que han venido mejor a lo estimado inicialmente, pero sobre todo, unos bancos centrales dispuestos a correr la frontera de lo posible. Y ahí destaca la FED, abriéndose a montos jamás imaginados y a la compra de clases de activos que la política monetaria tradicional jamás había contemplado.

"Tiempos desesperados, requieren medidas desesperadas" dicen, lo cual es totalmente cierto y la caricatura del "helicóptero" se materializó en sendos cheques que impulsaron el consumo entre los americanos. Por otra parte, este importante estímulo trajo de vuelta el atractivo por el oro, cuestión que no veíamos desde el 2012, cuando en otro contexto, pero por las mismas inquietudes, ya había coqueteado con los icónicos 2.000 dólares por onza. Y es que parte importante del mercado espera que esta liquidez se transfome de algún modo en inflación. Los precios de los activos han venido subiendo de forma importante y hoy la caja parece la principal preocupación de los inversionistas, "fear of missing out" le llaman a dicho sesgo cognitivo.

En este contexto, comienza a ser cada vez más complejo saber qué se puede hacer. Una postura más táctica confía en que es posible ir rotando entre distintas clases de activos y estilos de inversión, para conseguir resultados un poco mejores que los del mercado, pero existe el gran riesgo de equivocarnos en el momento escogido. Desde el punto de vista estratégico, se considera necesario apegarse a lo básico del wealth management, tener claro los objetivos de inversión y las restricciones que afectan al inversionista, además de mantener siempre la vista puesta en el largo plazo.

Diversos estudios confirman que el market timing no es capaz de generar mejores retornos que los portafolios fundamentales con un foco en el largo plazo. Esto implica asumir períodos dolorosos en que los retornos se contraen por algún evento inesperado o recesión, pero quienes son capaces de resistir estos embates con la mirada puesta fuera de la contingencia puntual, normalmente son quienes logran recuperar su inversión e incluso generar ganancias. Aquí la importancia de tener un correcto perfil de riesgo en las inversiones: necesariamente el cliente debe sentirse cómodo con su portafolio en los momentos buenos y malos, lo cual sólo se construye con relaciones de largo plazo con el cliente, transparencia y honestidad. Apegarse a ello lleva a buenos resultados en el largo plazo, lo que se probó una vez más en esta crisis del Covid-19, donde en un tiempo inusualmente corto, los activos financieros se desplomaron, pero también en un par de meses estos activos se recuperaron y están en niveles históricamente altos.

En situaciones complejas la "cabeza fría" ante las circunstancias ayuda a no tomar decisiones apresuradas, mirar el panorama completo y apoyarse en los sustentos económicos en los que se basó el portafolio inicial. Así, muchas veces el mejor consejo que podemos esperar de nuestro asesor es no hacer nada, por displicente que parezca. 

Fuente: Nevasa